
¿Qué significa que un perro sea un Ciudadano Canino Ejemplar? ¿Consiste en aprender una serie de ejercicios y ejecutarlos correctamente ante un evaluador? ¿O podemos entender el programa como una oportunidad para mejorar la comunicación entre el perro y su guía, desarrollar habilidades funcionales y favorecer una convivencia más segura?
El programa Ciudadano Canino Ejemplar (CCE) permite evaluar determinadas habilidades relacionadas con la educación y el comportamiento social de los perros. Sin embargo, su valor no debería reducirse a superar una prueba. Desde una perspectiva educativa, también puede ser una herramienta para mejorar el vínculo entre el perro y su guía, aumentar la confianza de la persona que lo acompaña y desarrollar recursos que faciliten la convivencia en entornos urbanos.
Mi experiencia como educadora canina y como jueza del programa CCE desde 2022 me ha permitido conocer el programa desde dos perspectivas complementarias: la preparación de las habilidades y su evaluación. Esta doble mirada me lleva a considerar que es importante comprender qué se evalúa, pero también qué sentido tiene cada ejercicio dentro de la convivencia cotidiana.
¿Qué es el programa Ciudadano Canino Ejemplar?
El programa Ciudadano Canino Ejemplar fue creado por la Asociación Nacional de Adiestradores Caninos Profesionales (ANACP) en 2012, tomando como referencia el programa estadounidense Canine Good Citizen, impulsado por el American Kennel Club.
Su finalidad es promover una convivencia responsable mediante la educación y la socialización de los perros, valorando su comportamiento en determinadas situaciones habituales de la vida cotidiana y la responsabilidad de las personas que los acompañan.
El programa contempla dos dimensiones complementarias: por una parte, la responsabilidad del guía en la convivencia con su perro y, por otra, la evaluación de las habilidades educativas y sociales del animal.
La información oficial y las condiciones del programa pueden consultarse en la página de la ANACP: https://anacpp.es/programa_cce/
Es importante entender que el CCE evalúa unas competencias concretas en unas condiciones determinadas. Obtener una valoración favorable no significa que un perro vaya a responder de la misma manera en cualquier circunstancia, ni constituye una garantía universal de comportamiento. La conducta depende de múltiples variables, entre ellas el contexto, el aprendizaje previo, el estado emocional, las características individuales y las experiencias del animal.
Por eso, para comprender el alcance real del programa, conviene analizar qué se evalúa y qué información nos aporta cada ejercicio.
Los 10 ejercicios del CCE: qué evalúan y qué debemos observar
Las pruebas del programa permiten valorar diferentes habilidades relacionadas con el manejo, la comunicación y la convivencia. Cada ejercicio tiene unos criterios específicos, pero también nos ofrece información sobre cómo se desenvuelve la pareja formada por el perro y su guía.
1. Aceptación de una persona desconocida
Se valora cómo responde el perro ante la presencia y el acercamiento de una persona desconocida en las condiciones previstas por el protocolo.
Más allá de la respuesta observable, es importante comprender que los perros no tienen por qué mostrar el mismo grado de sociabilidad ante todas las personas. La capacidad de convivir de manera segura no exige que un perro quiera interactuar con cualquiera, sino que pueda gestionar la situación sin que se produzcan respuestas incompatibles con los criterios de la prueba.
2. Permanecer sentado durante un saludo
Este ejercicio permite valorar la gestión de una interacción social mientras el guía mantiene el manejo previsto.
Desde el punto de vista educativo, podemos aprovechar este tipo de situaciones para trabajar la anticipación, la regulación de la activación y la capacidad de mantener una conducta funcional en presencia de estímulos sociales. El objetivo no debería ser confundir la inmovilidad con la calma: un perro puede permanecer quieto y, aun así, experimentar una elevada tensión emocional.
3. Aceptación de la manipulación y el cuidado
Se evalúa la respuesta del perro ante determinadas manipulaciones relacionadas con su manejo y cuidado.
Estas habilidades son relevantes para la convivencia y para situaciones habituales, como las revisiones veterinarias o la higiene. No obstante, la respuesta del animal debe interpretarse teniendo en cuenta su historial de aprendizaje, su sensibilidad y las experiencias previas con la manipulación. La cooperación y la confianza son aspectos fundamentales en la educación cotidiana, aunque una prueba concreta no permita evaluar por completo la calidad de esa relación.
4. Caminar con correa
Caminar con correa es una habilidad funcional especialmente importante en entornos urbanos. Permite compartir espacios públicos, desplazarse con seguridad y gestionar la proximidad a otros perros, personas y estímulos ambientales.
Sin embargo, caminar sin tirar de la correa no debería convertirse en el único indicador de una buena gestión del paseo. También debemos considerar si el perro puede atender a su entorno, recuperar la calma después de una situación intensa y comunicarse con su guía. El manejo de la correa debe facilitar la convivencia, no limitarse a producir una posición corporal determinada.
5. Atravesar un grupo de personas
Este ejercicio permite valorar cómo se desenvuelve el perro al desplazarse entre varias personas.
En la vida cotidiana, esta habilidad puede resultar útil en calles concurridas, zonas comerciales, accesos a edificios y otros espacios compartidos. La dificultad no depende únicamente del número de personas, sino también de la distancia, el movimiento, los sonidos y las experiencias previas del perro.
Una preparación adecuada debe permitir que el animal desarrolle recursos para gestionar estos contextos de manera progresiva, sin confundir la exposición con la necesidad de soportar cualquier situación.
6. Responder a posiciones y mantener una posición
Los ejercicios que incluyen posiciones como sentarse o tumbarse y permanecer en una posición permiten evaluar la respuesta del perro a las indicaciones del guía bajo unas condiciones determinadas.
Estas habilidades pueden ser útiles para organizar situaciones cotidianas, facilitar esperas o gestionar determinados desplazamientos. No obstante, su valor funcional depende de que el perro pueda realizarlas en contextos variados y de que el guía sepa cuándo resulta apropiado solicitarlas.
La habilidad no debería trabajarse de forma aislada, sino integrarse en una comunicación comprensible para ambos miembros de la pareja.
7. Responder a la llamada
La llamada es una competencia importante para la seguridad y la gestión del perro. Permite solicitar que vuelva junto al guía cuando las condiciones lo requieren.
Su fiabilidad depende de factores como la historia de aprendizaje, el nivel de distracción, la motivación, el estado emocional y las consecuencias que el perro ha asociado a regresar. Por eso, una llamada que funciona en un espacio tranquilo no necesariamente será igual de eficaz en un entorno con estímulos de gran interés.
La preparación debe contemplar una progresión de dificultad y la generalización de la conducta, además de una gestión responsable del entorno.
8. Comportamiento en presencia de otros perros
La presencia de otros perros puede generar respuestas muy diferentes según las características individuales, las experiencias previas y el contexto.
Una convivencia adecuada no implica que todos los perros deban acercarse, jugar o mostrar interés social entre ellos. Poder compartir un espacio manteniendo una distancia apropiada, gestionar la interacción y continuar con la actividad prevista son habilidades relevantes.
Desde mi perspectiva profesional, resulta fundamental no confundir la sociabilidad con la ausencia de dificultades ni exigir interacciones que no son necesarias para una convivencia segura. El objetivo es que las personas puedan gestionar estas situaciones con responsabilidad y que los perros dispongan de recursos para afrontarlas.
9. Respuesta ante distracciones
Este ejercicio permite observar cómo responde el perro ante determinados estímulos que pueden desviar su atención.
La capacidad de mantener una conducta funcional no depende únicamente de haber aprendido una indicación. También intervienen la intensidad del estímulo, la distancia, el estado emocional y el historial de aprendizaje.
Por eso, entrenar en contextos progresivamente más complejos ayuda a desarrollar habilidades que puedan transferirse a la vida cotidiana. La dificultad debe ajustarse a las capacidades del perro y no consistir simplemente en aumentar la intensidad de los estímulos para comprobar cuánto puede soportar.
10. Separación temporal del guía bajo supervisión
Este ejercicio contempla que el perro permanezca separado temporalmente de su guía en las condiciones establecidas por el programa.
La respuesta en esta situación aporta información sobre el comportamiento observable durante la prueba, pero no permite, por sí sola, diagnosticar ni descartar un problema de separación. Las dificultades relacionadas con la separación requieren una evaluación específica, que tenga en cuenta la historia del perro, el contexto y las respuestas que presenta cuando se queda sin sus figuras de referencia.
En todos los ejercicios, es importante distinguir entre cumplir un criterio concreto durante la evaluación y disponer de una habilidad consolidada, funcional y generalizable.
La mirada de una jueza del CCE: qué hay más allá de los ejercicios
Desde 2022, ejerzo como jueza del programa Ciudadano Canino Ejemplar. Esta experiencia me ha permitido observar cómo diferentes parejas afrontan las pruebas y qué aspectos de su interacción considero relevantes desde una perspectiva educativa.
Cuando evalúo a un perro y a su guía, no considero suficiente observar una conducta de manera aislada. También presto atención a cómo se desarrolla la situación, cómo se comunica la persona con el animal y qué actitud mantiene ante las circunstancias que aparecen durante la prueba.
Para mí, es importante ver una relación en la que exista comunicación entre el perro y su guía, junto con una actitud respetuosa hacia el propio animal y hacia el resto de participantes. El modo en que una persona acompaña a su perro durante una situación exigente forma parte de la responsabilidad que implica convivir con él.
Esto no significa sustituir los criterios oficiales por valoraciones subjetivas. Como jueza, considero fundamental conocer y respetar el protocolo, aplicar sus criterios con rigor y mantener la coherencia durante la evaluación. Al mismo tiempo, mi experiencia como educadora canina me recuerda que cada perro es un individuo, con sus propias características, predisposiciones, experiencias y capacidades.
Por eso, para mí es esencial seguir el protocolo sin olvidar la individualidad del perro. Cada animal tiene una historia de aprendizaje y una manera particular de afrontar el entorno. Comprender esta realidad permite interpretar mejor las situaciones, sin confundir la ejecución de un ejercicio con una valoración global del perro o de su relación con el guía.
También considero importante la actitud hacia las demás personas y los perros participantes. Un programa que busca favorecer la convivencia debe promover el respeto por el espacio de los demás, una gestión responsable de las distancias y una actuación adecuada ante las situaciones que pueden surgir.
Esta mirada no resta importancia a la evaluación. Al contrario, permite situarla dentro de su verdadero alcance: valorar unas competencias concretas y reconocer que la educación canina es un proceso mucho más amplio que cualquier prueba puntual.
El vínculo entre el perro y su guía: una parte esencial del proceso educativo
La relación entre un perro y su guía se construye mediante experiencias repetidas, comunicación, aprendizaje y convivencia. No depende únicamente de que el perro responda a determinadas indicaciones, sino también de que pueda anticipar qué se espera de él y encuentre en su guía una referencia comprensible.
La confianza no significa que el perro nunca experimente inseguridad, frustración o activación. Significa que la relación y las experiencias compartidas pueden ayudarle a gestionar diferentes situaciones, mientras la persona aprende a reconocer sus señales y a actuar de manera adecuada.
Durante la preparación del CCE, el guía también desarrolla habilidades. Aprende a manejar la correa, anticipar situaciones, gestionar distancias, identificar cuándo una tarea resulta demasiado difícil y ofrecer indicaciones comprensibles. Este aprendizaje puede mejorar su confianza y favorecer una comunicación más eficaz con el perro.
Por eso, el trabajo no debería centrarse exclusivamente en conseguir que el animal ejecute una conducta. También debe ayudar a la persona a comprender qué está ocurriendo, qué información transmite el comportamiento y cómo puede acompañar al perro en ese contexto.
Un perro no necesita convertirse en un animal que responde mecánicamente a todas las indicaciones. Necesita desarrollar habilidades útiles y convivir con una persona capaz de comunicarse con él, interpretar sus respuestas y gestionar el entorno de manera responsable.
Aprendizaje y generalización: por qué una conducta no funciona igual en todos los contextos
Uno de los aspectos más importantes de la educación canina es la generalización del aprendizaje. Que un perro aprenda una conducta en un lugar concreto no significa que pueda reproducirla automáticamente en cualquier otro entorno.
La investigación sobre el aprendizaje en perros ha mostrado que el contexto puede influir en la ejecución de conductas aprendidas. Gazit, Goldblatt y Terkel (2005), por ejemplo, estudiaron la especificidad contextual del aprendizaje en perros entrenados para detectar explosivos. Aunque se trata de una tarea distinta de las pruebas del CCE, el trabajo ilustra una cuestión relevante: el aprendizaje adquirido en unas condiciones determinadas no siempre se transfiere de manera automática a otras.
En la preparación del CCE, esto significa que practicar repetidamente los ejercicios en un espacio conocido puede no ser suficiente. También es necesario trabajar progresivamente en distintos lugares, con diferentes niveles de distracción y con variaciones en las condiciones ambientales.
Esta progresión debe tener en cuenta las capacidades del perro y su estado emocional. Aumentar la dificultad no consiste en exponerlo a situaciones cada vez más intensas sin considerar su respuesta, sino en construir experiencias de aprendizaje que le permitan desarrollar habilidades transferibles a la convivencia cotidiana.
Educación canina funcional: habilidades para gestionar el entorno urbano
El entorno urbano exige mucho más que caminar junto al guía o responder a una indicación. Un perro puede encontrarse con tráfico, ruidos, aglomeraciones, otros animales, personas que se acercan, espacios estrechos y cambios inesperados en la rutina.
Por eso, desde Unión Canina planteamos la educación canina funcional como un proceso dirigido a desarrollar habilidades que tengan sentido en la vida real. Entre ellas se encuentran la gestión del paseo, la comunicación entre el perro y su guía, la capacidad de mantener una conducta funcional ante determinados estímulos, la regulación de la activación y la recuperación después de experiencias exigentes.
Estas habilidades no se desarrollan únicamente repitiendo ejercicios. Requieren comprender al perro, organizar las situaciones de aprendizaje, ajustar las distancias y facilitar experiencias progresivas que permitan mejorar su capacidad de gestión.
También es importante diferenciar entre una respuesta externamente correcta y una situación que el perro realmente puede gestionar. La inmovilidad, por ejemplo, no demuestra por sí sola que exista calma; del mismo modo, una respuesta rápida a una indicación no explica necesariamente cómo se encuentra emocionalmente el animal.
El objetivo es desarrollar competencias que ayuden al perro y a su guía a compartir espacios con mayor seguridad y confianza, respetando las necesidades individuales del animal y las normas de convivencia.
Bienestar y metodología de entrenamiento
La forma en que enseñamos una habilidad también importa. No basta con preguntarnos si una conducta se ha conseguido; debemos considerar qué experiencias ha vivido el perro durante el aprendizaje y qué efectos puede tener el procedimiento utilizado.
El estudio de Vieira de Castro y colaboradores (2020), publicado en PLOS ONE, comparó perros que asistían a escuelas con diferentes enfoques de entrenamiento. Los investigadores observaron más conductas relacionadas con el estrés, más estados tensos y niveles más elevados de cortisol después del entrenamiento en los perros de las escuelas que utilizaban métodos más aversivos. También encontraron diferencias en una tarea relacionada con el sesgo cognitivo.
Los resultados aportan evidencia relevante sobre la relación entre los métodos de entrenamiento y el bienestar canino, aunque deben interpretarse teniendo en cuenta el diseño y las características de la muestra estudiada.
En la práctica educativa, esto refuerza la importancia de seleccionar procedimientos que tengan en cuenta el bienestar del animal, sus respuestas emocionales y su capacidad para participar en el aprendizaje. La preparación de una prueba no debería implicar ignorar señales de malestar ni convertir el cumplimiento de los ejercicios en una prioridad absoluta.
Una educación responsable busca desarrollar habilidades útiles sin perder de vista al individuo que está aprendiendo.
Cómo preparar el CCE: mucho más que ensayar los diez ejercicios
La preparación del Ciudadano Canino Ejemplar puede ser una buena oportunidad para revisar las habilidades del perro y las estrategias de su guía. Sin embargo, antes de empezar, conviene identificar el punto de partida de cada pareja y determinar qué aspectos necesitan más trabajo.
Algunos perros pueden desenvolverse con facilidad en entornos sociales, pero necesitar más práctica en el manejo de la correa. Otros pueden conocer las indicaciones básicas, pero tener dificultades para mantenerlas cuando aparecen distracciones. También puede ocurrir que una habilidad esté bien adquirida en un espacio conocido y todavía no se haya generalizado a otros lugares.
Por eso, una preparación eficaz debe organizarse de manera progresiva, adaptar la dificultad a las características del perro y practicar en contextos variados. También debe ayudar al guía a interpretar las respuestas del animal y a tomar decisiones adecuadas durante la convivencia.
Es importante recordar que el CCE tiene unos objetivos y unos criterios de evaluación determinados. Si un perro presenta dificultades emocionales o conductuales significativas, puede necesitar un proceso individualizado antes de abordar la preparación de la prueba. La preparación del CCE no sustituye una evaluación específica cuando existe un problema de comportamiento que requiere un abordaje propio.
Preparación del CCE en Unión Canina: nuestro curso de Obediencia Canina Funcional
En Unión Canina ofrecemos un curso de Obediencia Canina Funcional que permite preparar las habilidades contempladas en el programa Ciudadano Canino Ejemplar y presentarse a su evaluación.
Nuestro enfoque no consiste en repetir ejercicios de manera mecánica para conseguir un resultado puntual. Trabajamos las habilidades desde una perspectiva funcional, vinculándolas con la comunicación entre el perro y su guía, la gestión de situaciones cotidianas y la convivencia en entornos urbanos.
Durante el proceso, buscamos que las personas desarrollen recursos para acompañar a sus perros con mayor confianza, comprendan mejor sus respuestas y aprendan a gestionar las situaciones que pueden aparecer durante el trabajo. A su vez, los perros tienen la oportunidad de practicar habilidades útiles en condiciones progresivamente más variadas.
La experiencia profesional de Irma Pujol como educadora canina y jueza del CCE desde 2022 permite integrar en la preparación tanto el conocimiento de las competencias que contempla el programa como una perspectiva educativa centrada en la comunicación, el bienestar y las necesidades individuales de cada perro.
Prepararse para el CCE puede ser un objetivo concreto, pero el aprendizaje no debería terminar el día de la evaluación. Las habilidades desarrolladas tienen que seguir construyéndose y generalizándose para que resulten útiles en la vida cotidiana.
Conclusión: el verdadero objetivo es mejorar la convivencia
El programa Ciudadano Canino Ejemplar ofrece un marco para evaluar determinadas habilidades relacionadas con la educación y la convivencia. Sin embargo, su valor no debería medirse únicamente por la superación de los ejercicios.
Desde mi experiencia como educadora canina y jueza del CCE, considero que la preparación también puede servir para mejorar el vínculo entre el perro y su guía, aumentar la confianza de la persona que lo acompaña y desarrollar recursos que faciliten la gestión del entorno urbano.
Es importante respetar el protocolo y comprender sus criterios, pero también recordar que cada perro tiene sus propias características y necesita un proceso de aprendizaje adecuado a su realidad. Una conducta ejecutada correctamente durante una prueba aporta información sobre una habilidad concreta; no define por sí sola al perro ni resume la calidad de toda una relación.
El CCE puede ser una meta, pero el verdadero trabajo educativo consiste en construir una convivencia en la que el perro y su guía puedan comunicarse mejor, afrontar situaciones cotidianas con más recursos y compartir los espacios comunes de forma responsable y respetuosa.
Porque educar no es únicamente enseñar qué debe hacer un perro. También es aprender a comprenderlo y acompañarlo para que pueda desenvolverse mejor en el mundo que compartimos.
Fuentes y referencias
- ANACP. Programa Ciudadano Canino Ejemplar (CCE). Información oficial: https://anacpp.es/programa_cce/
- Gazit, I., Goldblatt, A. y Terkel, J. (2005). “The role of context specificity in learning: the effects of training context on explosives detection in dogs”. Animal Cognition, 8, 143–150. https://doi.org/10.1007/s10071-004-0236-9
- Vieira de Castro, A. C. et al. (2020). “Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare”. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023