Freestyle, Speedwater, natación y comportamiento canino: una mirada desde la etología y la biomecánica

Cuando pensamos en deportes caninos, probablemente el agility sea una de las primeras disciplinas que nos viene a la cabeza.

Saltos, túneles, pasarelas, cambios de dirección y obstáculos forman parte de un circuito en el que perro y guía deben coordinarse para completar un recorrido.

Pero ¿qué ocurre cuando trasladamos esta lógica a un medio completamente diferente?

¿Qué pasa cuando el suelo desaparece, el perro deja de desplazarse caminando o corriendo y tiene que resolver el recorrido mientras nada?

De esta idea surgen diferentes modalidades de deportes acuáticos caninos, entre ellas el Freestyle y el Speedwater, disciplinas desarrolladas en Italia que combinan natación, coordinación motora, comunicación y resolución de problemas.

Aunque todavía son poco conocidas en España, resultan especialmente interesantes desde la perspectiva de la etología canina, la biomecánica y el aprendizaje.

Porque introducir al perro en el agua no significa simplemente hacer el mismo ejercicio en otro escenario.

El medio modifica completamente la forma en la que el perro se mueve, percibe su cuerpo y resuelve la tarea.

¿Qué es el agility acuático?

El término «agility acuático» se utiliza de forma divulgativa para describir diferentes actividades deportivas que trasladan algunos principios del agility al medio acuático.

Sin embargo, desde el punto de vista técnico, no hablamos simplemente de agility convencional realizado dentro de una piscina.

Las disciplinas de deportes acuáticos caninos desarrolladas en Italia incluyen modalidades específicas como Freestyle, Speedwater y Rally-O Splash, cada una con sus propios ejercicios y reglamentos.

En términos generales, el perro debe desplazarse nadando y superar diferentes elementos colocados dentro del agua siguiendo las indicaciones del guía.

Dependiendo de la modalidad y del reglamento pueden aparecer:

  • obstáculos;
  • puertas;
  • boyas;
  • túneles;
  • giros;
  • slaloms;
  • plataformas;
  • cambios de dirección;
  • ejercicios de conducción;
  • y ejercicios de recuperación.

En determinadas modalidades, además, el objetivo consiste en completar el recorrido correctamente y en el menor tiempo posible.

Por tanto, existe una combinación de diferentes demandas:

locomoción acuática + control motor + procesamiento de señales + orientación espacial + motivación + cooperación con el guía.

Y precisamente esta combinación es lo que hace interesante a la disciplina.


El agua cambia completamente la locomoción

Para comprender qué aporta esta actividad debemos empezar por algo básico:

nadar no es simplemente caminar sin tocar el suelo.

El medio acuático modifica las fuerzas que actúan sobre el cuerpo.

La flotabilidad reduce la carga gravitatoria que soportan las estructuras durante el desplazamiento y, al mismo tiempo, el agua genera resistencia al movimiento.

El perro tiene que producir fuerza para desplazarse, pero lo hace en un entorno en el que las extremidades ya no funcionan exactamente como durante la locomoción terrestre.

La investigación biomecánica ha demostrado que la natación produce modificaciones relevantes en el rango de movimiento articular. En perros, se han observado diferencias entre caminar y nadar en articulaciones como cadera, rodilla y tarso, incluyendo un aumento del rango de movimiento en algunas de ellas durante la natación.

Además, el nivel del agua modifica de forma significativa la cinemática de las extremidades. En estudios con cinta subacuática se han observado cambios en la flexión y extensión de diferentes articulaciones dependiendo de la profundidad de inmersión.

Esto es importante porque demuestra que el agua no es simplemente un soporte pasivo.

Es un medio que modifica la mecánica del movimiento.


Flotabilidad, resistencia y control corporal

Desde el punto de vista físico, durante la natación intervienen varios factores simultáneamente.

Flotabilidad

La flotabilidad genera una fuerza ascendente que reduce el efecto de la gravedad sobre el cuerpo.

Esto permite realizar movimiento con menor carga de soporte que durante determinadas actividades terrestres.

Resistencia hidrodinámica

Al mismo tiempo, el agua ofrece resistencia al desplazamiento.

Cuanto mayor sea la superficie que el perro presenta al agua y cuanto mayor sea la velocidad de movimiento, mayor será la resistencia que debe vencer.

Por tanto, el perro tiene que generar fuerza para avanzar.

Propiocepción

El perro también debe ajustar continuamente la posición de sus extremidades y de su tronco.

La información propioceptiva procedente de músculos, tendones y articulaciones se combina con información vestibular y visual para mantener la orientación corporal.

En tierra, el contacto con el suelo proporciona una enorme cantidad de información mecánica.

En el agua, esa referencia cambia.

El animal tiene que resolver la tarea con un patrón motor diferente.

Por eso, el trabajo acuático puede constituir un interesante ejercicio de control corporal, siempre que esté correctamente diseñado y adaptado a las capacidades del individuo.


El perro no solo nada: tiene que resolver un problema

Aquí aparece una diferencia fundamental respecto a la natación libre.

En una sesión de natación convencional, el objetivo puede ser simplemente desplazarse por el agua.

En un deporte acuático, el perro tiene que hacer algo más.

Debe interpretar información y tomar decisiones.

Por ejemplo:

«Avanzo hasta esa referencia, cambio de dirección, paso por el obstáculo, continúo hacia el siguiente punto y respondo a la señal del guía.»

Esto introduce una dimensión cognitiva.

El perro debe mantener una representación suficientemente estable del objetivo mientras procesa diferentes estímulos y ajusta continuamente su movimiento.

Desde la perspectiva del aprendizaje, esto implica trabajar con:

discriminación de señales + control estimular + memoria + orientación + coordinación motora + resolución de problemas.

No significa que el perro esté realizando necesariamente un complejo razonamiento consciente como lo haríamos nosotros.

Significa que está aprendiendo relaciones entre estímulos, respuestas y consecuencias, y ajustando su comportamiento en función de la información disponible.


La comunicación perro-guía se vuelve especialmente importante

Una de las características más interesantes de estas disciplinas es la forma en la que se produce la comunicación.

El guía puede utilizar señales verbales y gestuales para orientar al perro durante el recorrido.

En determinados reglamentos, además, la motivación durante el recorrido está limitada a señales verbales y no se permite utilizar comida dentro del agua.

Esto obliga a construir previamente una historia de aprendizaje sólida.

El perro necesita haber aprendido que determinadas señales del guía predicen determinadas acciones.

Por ejemplo:

señal → orientación → desplazamiento → consecuencia.

Cuanto más complejo sea el recorrido, mayor será la necesidad de que el perro discrimine correctamente las señales.

Y aquí aparece un concepto especialmente relevante:

El control estimular

Una señal adquiere valor funcional cuando el perro aprende que, en determinadas condiciones, esa señal predice que una determinada respuesta será reforzada.

En otras palabras, no se trata simplemente de que el perro «sepa obedecer».

Debe aprender a discriminar qué información es relevante en cada momento.

Esto es especialmente importante en un entorno acuático, donde el propio medio introduce dificultades adicionales para la comunicación.


Freestyle: precisión y cooperación

El Freestyle fue desarrollado en Italia en 2011 y constituye una de las modalidades que dieron origen posteriormente al conjunto de deportes acuáticos caninos organizados.

La disciplina se basa en realizar un recorrido acuático siguiendo las indicaciones del guía.

Dependiendo del nivel y del reglamento pueden aparecer diferentes elementos y ejercicios.

Lo interesante desde el punto de vista etológico no es únicamente el recorrido.

Es la necesidad de establecer una coordinación entre dos individuos de especies diferentes.

El guía aporta información.

El perro debe procesarla.

Y ambos tienen que mantener una interacción suficientemente estable para completar la tarea.

Esto convierte la actividad en una forma de cooperación interespecífica.


Speedwater: cuando añadimos recuperación y velocidad

El Speedwater introduce otro componente interesante.

Además de superar el recorrido, el perro debe realizar una recuperación al finalizar la prueba.

En determinados reglamentos, el juguete utilizado para la recuperación puede incluso ser seleccionado entre diferentes opciones, lo que añade una demanda adicional de discriminación.

Desde la perspectiva del aprendizaje, esto puede convertir la actividad en una cadena conductual relativamente compleja:

orientación → desplazamiento → superación de obstáculos → localización del objetivo → recuperación → retorno.

Cada una de estas respuestas puede haber sido aprendida previamente y posteriormente integrada dentro de una secuencia.

La dificultad no está únicamente en realizar cada conducta individualmente.

Está en mantener el control de la secuencia completa dentro de un entorno cambiante.


¿Qué beneficios físicos puede aportar?

La natación tiene aplicaciones ampliamente utilizadas dentro de la fisioterapia y rehabilitación veterinaria.

La disminución de la carga durante la inmersión puede permitir realizar determinados movimientos reduciendo parte de las fuerzas de soporte que aparecen durante la locomoción terrestre.

Además, diferentes estudios han observado modificaciones en el rango de movimiento articular durante la natación y otros ejercicios acuáticos.

La hidroterapia se utiliza, de hecho, como parte de determinados programas de rehabilitación veterinaria.

En perros sometidos a cirugía por rotura del ligamento cruzado craneal, por ejemplo, la natación ha mostrado modificaciones en el rango de movimiento de algunas articulaciones y se ha estudiado como parte de los programas de recuperación funcional.

También existen estudios más recientes que han encontrado una recuperación funcional más rápida en perros sometidos a determinadas intervenciones quirúrgicas cuando se incorporaba terapia de natación dentro del programa de rehabilitación.

Pero hay que hacer una distinción fundamental:

natación terapéutica y deporte acuático no son lo mismo.

Una actividad de rehabilitación se diseña en función de una lesión, una fase de recuperación, una respuesta fisiológica y unos objetivos clínicos concretos.

Un circuito deportivo introduce velocidad, cambios de dirección, tareas cognitivas y demandas físicas diferentes.

Por eso, un perro que está realizando rehabilitación no debería incorporarse automáticamente a una actividad deportiva simplemente porque «el agua es buena».


El agua reduce carga, pero no elimina el esfuerzo

Este punto suele simplificarse demasiado.

Decir que «la natación no carga las articulaciones» puede resultar engañoso.

El agua modifica las cargas y la mecánica del movimiento, pero no convierte el ejercicio en un trabajo sin esfuerzo.

El perro sigue teniendo que generar fuerza para desplazarse.

Además, la resistencia del agua puede aumentar la demanda muscular.

La profundidad de inmersión, la velocidad, la corriente, el tipo de movimiento y el uso de elementos de flotación modifican las exigencias biomecánicas.

Incluso pequeños cambios en estas variables pueden producir modificaciones en la cinemática del perro.

Por eso, desde una perspectiva profesional, no deberíamos hablar simplemente de «hacer natación».

Deberíamos preguntarnos:

¿Qué tipo de ejercicio acuático?

¿Con qué intensidad?

¿Durante cuánto tiempo?

¿Con qué profundidad?

¿Qué objetivo perseguimos?

¿Cómo responde ese individuo?


No todos los perros disfrutan del agua

Y aquí entramos directamente en el terreno de la etología.

Una actividad puede ser biomecánicamente interesante y, al mismo tiempo, no ser adecuada para un individuo concreto.

Hay perros que muestran una fuerte motivación hacia el agua.

Otros simplemente la toleran.

Otros presentan evitación.

Y algunos muestran respuestas claras de miedo o inseguridad cuando pierden el contacto con una superficie estable.

Esto es especialmente importante porque la conducta de natación no debe confundirse con la ausencia de miedo.

Un perro puede nadar porque no tiene otra alternativa y no porque esté disfrutando de la actividad.

Por eso, antes de plantear cualquier deporte acuático deberíamos observar:

  • postura corporal;
  • latencia para entrar en el agua;
  • orientación hacia el entorno;
  • tensión muscular;
  • patrón de locomoción;
  • búsqueda de salida;
  • vocalizaciones;
  • capacidad para responder al guía;
  • posibilidad de detener la actividad;
  • y comportamiento posterior a la sesión.

El objetivo no debería ser conseguir que el perro «aprenda a nadar a toda costa».

El objetivo debería ser determinar si esa actividad es compatible con ese individuo.


Participación voluntaria y agencia

Este punto resulta especialmente interesante.

Algunos reglamentos de deportes acuáticos caninos establecen explícitamente que el perro debe disfrutar del agua y que no debe ser obligado a participar.

También existen reglamentos que establecen que el perro no puede ser empujado o forzado físicamente para continuar el recorrido y que debe ser capaz de permanecer en la zona de salida sin necesidad de utilizar la fuerza.

Desde el punto de vista del bienestar, esto conecta con un concepto muy relevante:

La agencia

La agencia hace referencia, de manera simplificada, a la capacidad del animal para influir sobre aquello que sucede y realizar elecciones dentro de su entorno.

No significa que el perro pueda decidir absolutamente todo.

Significa que podemos diseñar situaciones donde tenga posibilidades reales de participar, detenerse, explorar o abandonar la actividad.

En una actividad deportiva, esto debería tenerse especialmente en cuenta.

El objetivo no debería ser conseguir que el perro complete el circuito independientemente de cómo se encuentre.

El objetivo debería ser construir las condiciones para que pueda realizarlo de manera segura y con una motivación adecuada.


¿Puede el agility acuático ser enriquecimiento?

Sí, pero no automáticamente.

El enriquecimiento ambiental no consiste simplemente en añadir actividades.

Una actividad se convierte en enriquecedora cuando ofrece oportunidades relevantes para el individuo y favorece determinadas conductas o procesos sin generar costes desproporcionados.

El deporte acuático puede proporcionar diferentes oportunidades:

exploración → aprendizaje → movimiento → resolución de problemas → interacción social → cooperación.

Pero la misma actividad también puede convertirse en una fuente de estrés si:

  • el perro tiene miedo al agua;
  • existe una intensidad excesiva;
  • la sesión es demasiado larga;
  • el aprendizaje se produce demasiado rápido;
  • no puede abandonar la situación;
  • hay demasiados estímulos;
  • o el guía prioriza el resultado deportivo sobre el estado del animal.

Por tanto:

una actividad no es enriquecedora por definición; depende de cómo se diseña y de cómo la experimenta el individuo.


También existe un componente de autorregulación

Otro aspecto interesante es la gestión de la activación.

Una actividad deportiva puede incrementar considerablemente el nivel de activación del perro.

Esto no es necesariamente negativo.

La activación es necesaria para realizar determinadas conductas y puede formar parte de una experiencia positiva.

El problema aparece cuando el perro no dispone de recursos suficientes para regular esa activación.

Por eso, en un programa bien planteado no deberíamos valorar únicamente si el perro consigue superar los obstáculos.

También deberíamos observar:

¿Puede esperar?

¿Puede volver a un estado de calma?

¿Puede desconectar después de la actividad?

¿Mantiene capacidad de respuesta al guía?

¿Se recupera adecuadamente?

La recuperación forma parte del ejercicio.

Y esto es especialmente importante en perros que presentan una tendencia elevada a la excitación o dificultades de regulación emocional.


¿Todos los perros pueden practicarlo?

Los deportes acuáticos caninos pueden estar abiertos a diferentes razas y también a perros mestizos. En algunas estructuras deportivas italianas, las disciplinas están específicamente planteadas para perros de diferentes tamaños y tipologías.

Pero que una disciplina esté abierta a todos los perros no significa que todos los individuos tengan las mismas capacidades o motivaciones.

Aquí vuelve a aparecer la importancia de la tipología.

Un perro con una elevada motivación por el agua puede mostrar una predisposición especialmente favorable.

Un perro con gran orientación hacia el guía puede encontrar muy reforzante una actividad basada en señales y cooperación.

Otro individuo puede destacar más en tareas olfativas.

Otro puede disfrutar especialmente de la recuperación.

Y otro puede no mostrar interés por ninguna de estas actividades.

La raza puede aportar información útil sobre determinadas predisposiciones, pero nunca debería sustituir la observación del individuo.


El deporte debería adaptarse al perro

Este principio es aplicable a cualquier actividad canina.

Durante mucho tiempo hemos planteado determinadas disciplinas desde la pregunta:

«¿Qué puede hacer este perro?»

Pero desde una perspectiva etológica deberíamos añadir otras:

¿Qué le motiva?

¿Qué puede realizar sin comprometer su bienestar?

¿Qué nivel de activación puede gestionar?

¿Qué capacidades físicas tiene?

¿Qué experiencia previa posee?

¿Qué tipo de actividad disfruta?

¿Cómo se recupera después?

Estas preguntas permiten pasar de una lógica basada exclusivamente en el rendimiento a una lógica basada en la adecuación entre individuo y actividad.

Y esto es fundamental.

El deporte debería adaptarse al perro y no el perro al deporte.


Una actividad no tiene que ser competitiva para ser útil

Otro error frecuente consiste en pensar que una actividad solo tiene valor si el perro compite.

No es necesario.

Podemos utilizar determinados elementos del deporte acuático como herramientas de enriquecimiento, aprendizaje y trabajo físico sin convertir necesariamente la actividad en una competición.

Podemos trabajar:

  • orientación;
  • señales direccionales;
  • control corporal;
  • recuperación;
  • propiocepción;
  • discriminación;
  • permanencias;
  • cooperación;
  • y diferentes formas de locomoción.

El objetivo puede ser simplemente proporcionar una experiencia adecuada al individuo.

De hecho, desde la perspectiva de la educación canina, la competición es una opción, no un requisito.


Agility acuático y bienestar: dónde está el límite

Cuando introducimos cualquier deporte en la vida de un perro debemos evitar dos extremos.

El primero sería considerar que el deporte es automáticamente positivo.

El segundo sería pensar que cualquier actividad dirigida por humanos es necesariamente perjudicial.

La realidad es mucho más compleja.

El efecto de una actividad depende de:

individuo + actividad + intensidad + contexto + aprendizaje + recuperación.

Un mismo ejercicio puede ser una experiencia estimulante para un perro y una fuente de estrés para otro.

Una sesión corta puede resultar adecuada mientras que una sesión demasiado larga puede superar su capacidad de recuperación.

Un perro físicamente preparado puede realizar un determinado ejercicio mientras que otro necesita una adaptación progresiva.

Por eso, evaluar únicamente si el perro «ha terminado el circuito» es insuficiente.

El éxito real debería incluir también:

bienestar + seguridad + aprendizaje + recuperación + motivación.


¿Y en España?

Actualmente, el desarrollo de estas disciplinas es mucho menor en España que en Italia.

En Italia existe una estructura deportiva específica alrededor de los deportes acuáticos caninos, con modalidades como Freestyle, Speedwater y Rally-O Splash, además de reglamentos y diferentes organizaciones que las desarrollan.

En España, las actividades acuáticas para perros están más asociadas a la natación recreativa, la hidroterapia, la rehabilitación veterinaria y otras disciplinas deportivas acuáticas, mientras que el agility acuático continúa siendo relativamente minoritario.

Sin embargo, el crecimiento de las actividades caninas especializadas abre posibilidades interesantes.

Cada vez disponemos de más alternativas para trabajar con nuestros perros más allá de la obediencia tradicional.

Y esto puede ser especialmente positivo cuando utilizamos estas actividades para conocer mejor al individuo y ofrecerle oportunidades ajustadas a sus capacidades y motivaciones.


El valor del agua va más allá del ejercicio

El interés de los deportes acuáticos caninos no está únicamente en que el perro haga ejercicio.

El agua proporciona un entorno diferente.

Cambia la locomoción.

Modifica la información propioceptiva.

Introduce resistencia.

Reduce determinadas cargas.

Obliga a adaptar el movimiento.

Y puede crear nuevas oportunidades de aprendizaje.

Cuando además añadimos obstáculos y comunicación con el guía, transformamos la natación en una actividad que combina diferentes sistemas:

motor + sensorial + cognitivo + emocional + social.

Precisamente por eso resulta tan interesante desde la etología aplicada.


Una última reflexión: no buscamos perros que hagan más, sino perros que puedan hacer mejor

En educación canina existe una tendencia a valorar constantemente cuánto puede hacer un perro.

Cuántas órdenes conoce.

Cuántos obstáculos supera.

Cuánto corre.

Cuánto tiempo trabaja.

Cuántos ejercicios puede encadenar.

Pero el rendimiento no debería ser nuestra única medida.

También debemos preguntarnos:

¿Cómo se encuentra mientras lo hace?

¿Tiene capacidad para elegir?

¿Puede detenerse?

¿Comprende lo que le estamos pidiendo?

¿Está motivado?

¿Puede recuperarse después?

Estas preguntas cambian completamente nuestra forma de entender el deporte canino.

El agility acuático y los deportes acuáticos caninos pueden ser actividades extraordinariamente interesantes cuando se plantean desde el respeto por la conducta, la biomecánica y las características individuales del perro.

Pero no necesitamos convertirlos en una obligación.

Ni todos los perros tienen que nadar.

Ni todos necesitan competir.

Ni todos disfrutan de los mismos ejercicios.

El verdadero valor de cualquier actividad canina aparece cuando conseguimos encontrar el punto de encuentro entre lo que el perro puede hacer, lo que le motiva y lo que podemos ofrecerle sin comprometer su bienestar.

Porque hacer más no significa necesariamente vivir mejor.

Y, en educación canina, comprender al individuo debería estar siempre por encima del rendimiento.


En Unión Canina

En Unión Canina entendemos la educación y las actividades caninas desde una perspectiva etológica y funcional, teniendo en cuenta tanto las características del individuo como sus capacidades físicas, motivaciones, historia de aprendizaje y contexto.

No buscamos que todos los perros hagan lo mismo.

Buscamos comprender qué necesita cada individuo y qué actividades pueden contribuir realmente a su bienestar y a su desarrollo.

Porque el objetivo no debería ser conseguir un perro que pueda hacerlo todo.

Debería ser construir una relación en la que sepamos qué tiene sentido hacer con ese perro concreto.

About the author : Irma Pujol

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