El juego ocupa un lugar importante dentro del repertorio conductual de muchos perros. Sin embargo, no todas las actividades que realizamos con ellos pueden considerarse juego ni todas tienen los mismos efectos sobre el individuo.

Jugar puede proporcionar actividad física, oportunidades de exploración, interacción social, aprendizaje y expresión de determinados patrones conductuales, pero su valor dependerá de cómo se plantee, del tipo de actividad y de las características del perro.

Además, el juego no debe utilizarse como una herramienta universal para solucionar problemas de comportamiento ni asumir que cualquier interacción lúdica fortalece automáticamente el vínculo.

En este artículo veremos qué podemos entender por juego, qué funciones puede cumplir y cómo utilizar diferentes actividades de manera adecuada.


¿Qué es realmente el juego?

El juego es un fenómeno conductual complejo que puede incluir diferentes patrones de interacción y movimiento, como persecución, manipulación de objetos, forcejeo, exploración o determinadas interacciones sociales.

En perros, algunas actividades de juego pueden presentar elementos relacionados con secuencias de conducta predatoria, aunque esto no significa que todo juego sea conducta predatoria ni que podamos reducir el juego a un único sistema motivacional.

También debemos diferenciar entre juego social, juego con objetos y actividades de exploración o búsqueda.

Por ejemplo, lanzar una pelota repetidamente no tiene necesariamente el mismo componente conductual que un juego de interacción física con el guía.

Comprender esta diferencia permite seleccionar mejor las actividades y utilizarlas de acuerdo con el objetivo que perseguimos.


¿Qué puede aportar el juego?

1. Actividad física

Determinadas formas de juego pueden proporcionar movimiento y actividad física.

Sin embargo, el juego no debería considerarse un sustituto automático de las necesidades de ejercicio del perro.

Las necesidades de actividad dependen del individuo, su edad, estado físico, características morfológicas, predisposiciones funcionales y contexto.

Además, más intensidad no significa necesariamente mayor beneficio.

Una actividad excesivamente intensa puede generar niveles de activación elevados y no ser adecuada para determinados individuos.


2. Oportunidades de aprendizaje

El juego también puede convertirse en un contexto de aprendizaje.

Durante determinadas actividades, el perro puede aprender a:

  • iniciar y finalizar una interacción;
  • esperar;
  • controlar la intensidad de sus respuestas;
  • soltar un objeto;
  • discriminar diferentes señales;
  • resolver pequeñas situaciones;
  • adaptar su conducta a las respuestas del interlocutor.

Por tanto, el valor educativo de una actividad no depende únicamente de que el perro se divierta, sino de qué oportunidades de aprendizaje proporciona.


3. Expresión de determinados patrones conductuales

Algunas actividades permiten expresar comportamientos que forman parte del repertorio natural del perro.

Las búsquedas olfativas, por ejemplo, permiten desarrollar conductas relacionadas con la exploración y localización de recursos.

Los juegos de persecución pueden incorporar elementos relacionados con la orientación y seguimiento de objetos en movimiento.

Los juegos de manipulación permiten utilizar conductas de interacción con objetos.

La posibilidad de expresar determinados patrones conductuales puede ser especialmente relevante cuando se adapta correctamente a las características del individuo.


4. Interacción entre perro y guía

Algunas formas de juego pueden utilizarse como contexto de interacción entre el perro y su guía.

Sin embargo, esto no significa que jugar sea sinónimo de crear vínculo.

El vínculo no se construye mediante una actividad aislada, sino a través de la calidad y estabilidad de la relación, la previsibilidad de las interacciones, la comunicación, la confianza y las experiencias compartidas a lo largo del tiempo.

El juego puede formar parte de esa relación, pero no es el único elemento ni necesariamente el más importante.

jugar con tu perro

Tipos de juego y actividades que podemos realizar

1. Juegos de lanzamiento y persecución

Lanzar una pelota u otro objeto para que el perro lo persiga puede resultar muy atractivo para determinados individuos.

Sin embargo, es importante observar qué efecto produce esta actividad sobre el perro.

Algunos perros pueden mantener una interacción equilibrada con el objeto, mientras que otros pueden presentar niveles de activación muy elevados, dificultades para finalizar la actividad o conductas de fijación excesiva sobre el material.

Por este motivo, el juego de lanzamiento debería utilizarse de manera estructurada y adaptada al individuo, prestando atención a la capacidad del perro para iniciar, mantener y finalizar la actividad.

Además, no debemos asumir que este tipo de juego genera vínculo por sí mismo. Su principal función puede estar relacionada con la actividad física, la persecución y la interacción con el objeto.


2. Juegos de tracción

Los juegos de tracción pueden ser una actividad de interacción directa entre el perro y su guía.

Además de la propia manipulación del objeto, pueden utilizarse para trabajar señales de inicio y finalización, intercambio de objetos, control de la intensidad y capacidad para interrumpir la actividad.

No existe una base para considerar que jugar a tirar de un objeto convierte automáticamente al perro en más agresivo o dominante.

Lo importante es analizar la conducta del individuo y la forma en la que se estructura la interacción.

Un perro que puede iniciar el juego, mantener una interacción adecuada y finalizarla cuando se le solicita está desarrollando un repertorio mucho más interesante que simplemente “tirar de una cuerda”.


3. Juegos y actividades de búsqueda

Las actividades de búsqueda constituyen una excelente forma de proporcionar exploración y utilización del sistema olfativo.

Podemos esconder pequeñas cantidades de alimento, objetos conocidos o utilizar diferentes espacios para construir búsquedas progresivas.

Estas actividades pueden realizarse tanto en casa como en exteriores.

La dificultad debe adaptarse al individuo y aumentar progresivamente cuando sea necesario, evitando convertir la actividad en una fuente de frustración.


4. Juegos de resolución de problemas

Determinadas actividades permiten que el perro tenga que explorar diferentes posibilidades para conseguir acceder a un recurso.

Podemos utilizar juguetes dispensadores de alimento, cajas, recipientes o situaciones sencillas que requieran manipulación y exploración.

El objetivo no debería ser conseguir que el perro complete continuamente actividades cada vez más complejas.

La dificultad adecuada es aquella que permite al individuo explorar y aprender sin generar una carga de frustración excesiva.


5. Juego social

El juego entre perros puede incluir persecuciones, forcejeos, cambios de rol y diferentes formas de interacción.

Pero no toda interacción entre perros es juego, aunque pueda presentar movimiento o contacto físico.

Debemos observar aspectos como:

  • reciprocidad;
  • capacidad para interrumpir la interacción;
  • cambios de rol;
  • señales de invitación;
  • posibilidad de alejarse;
  • recuperación después de una interacción intensa;
  • respuesta ante las señales del otro individuo.

Un perro que intenta abandonar una interacción y no puede hacerlo no está participando necesariamente en un juego equilibrado.

Por eso, conocer el lenguaje corporal resulta fundamental para determinar si una interacción es adecuada.


¿Jugar puede ayudar a gestionar la activación?

Aquí debemos hacer una distinción importante.

Es frecuente escuchar que jugar sirve para “cansar al perro” o “liberar energía”.

Sin embargo, algunas actividades de juego pueden producir precisamente un incremento significativo de la activación fisiológica y emocional.

Esto no es necesariamente negativo, pero debemos saber qué estamos provocando.

Un juego de persecución intenso puede generar una activación muy diferente a una actividad de búsqueda olfativa tranquila.

Por tanto, no todas las actividades son apropiadas para todos los momentos.

En un perro con dificultades de regulación emocional, reactividad o impulsividad, utilizar repetidamente juegos de alta intensidad como estrategia para “cansarlo” puede no ser la mejor opción.

La actividad debe seleccionarse en función del estado del individuo y del objetivo que perseguimos.


¿Cómo saber si el juego está siendo adecuado?

Más allá de observar si el perro “se divierte”, debemos analizar su comportamiento antes, durante y después de la actividad.

Algunas preguntas útiles son:

  • ¿Puede iniciar y finalizar la actividad?
  • ¿Puede abandonar el objeto voluntariamente?
  • ¿Acepta pausas?
  • ¿Puede volver a un estado de menor activación?
  • ¿Mantiene una interacción flexible?
  • ¿Aumenta progresivamente la intensidad?
  • ¿Presenta conductas de frustración?
  • ¿Protege el objeto?
  • ¿Es capaz de cambiar de actividad?

La respuesta a estas preguntas nos proporciona mucha más información que simplemente observar si el perro corre, salta o parece excitado.


Juego y lenguaje corporal

Durante cualquier actividad lúdica debemos observar la comunicación del perro.

La postura corporal, la tensión muscular, la orientación del cuerpo, la mirada, la velocidad de movimiento y la capacidad para aproximarse o alejarse nos proporcionan información sobre cómo está procesando la situación.

Un perro puede participar activamente en una actividad y, al mismo tiempo, presentar señales de incomodidad o una activación excesiva.

Por eso, interpretar el comportamiento únicamente desde la conducta observable —“está jugando”— puede llevarnos a conclusiones incorrectas.


¿Debemos dejar ganar al perro?

La idea de que debemos “dejar ganar” al perro para evitar problemas de dominancia procede de interpretaciones antiguas y simplificadas de la conducta canina.

No existe una necesidad de establecer quién gana o quién pierde para mantener una relación adecuada con el perro.

En un juego de tracción, por ejemplo, podemos permitir que el perro consiga el objeto, recuperarlo posteriormente y volver a iniciar la interacción.

Lo importante es que el intercambio sea funcional y que el perro aprenda que el final de una actividad no implica necesariamente la pérdida definitiva del recurso.

Esto permite trabajar intercambios, señales de finalización y flexibilidad conductual sin necesidad de convertir el juego en una competición.


El juego no debe sustituir otras necesidades

Aunque el juego puede ser beneficioso, no debemos utilizarlo como sustituto de otras necesidades fundamentales.

Un perro también necesita:

  • descanso adecuado;
  • exploración;
  • actividad física adaptada;
  • interacción social apropiada;
  • alimentación adecuada;
  • oportunidades de elección;
  • comunicación;
  • seguridad;
  • un entorno adecuado.

Por eso, un perro que juega varias veces al día no necesariamente tiene cubiertas sus necesidades conductuales.

El bienestar depende de un conjunto mucho más amplio de factores.


¿Qué juego necesita mi perro?

No existe una actividad universalmente adecuada.

La selección debe tener en cuenta:

edad, estado físico, morfología, predisposiciones funcionales, experiencias previas, motivación, capacidad de regulación y características individuales.

Un perro con una elevada motivación por la persecución puede mostrar un interés extraordinario por determinadas actividades de movimiento.

Otro individuo puede mostrar mayor interés por la búsqueda olfativa o la manipulación.

Conocer qué motiva a cada perro permite diseñar actividades más adecuadas y utilizar el juego como una herramienta dentro de su educación y bienestar.


Jugar no es simplemente divertirse

El juego puede ser una herramienta extraordinariamente interesante cuando comprendemos qué estamos haciendo, qué conducta estamos provocando y qué efecto tiene sobre el individuo.

No todo juego genera vínculo, no todo juego reduce el estrés y no todo juego es adecuado para todos los perros.

El objetivo no debería ser mantener al perro constantemente entretenido, sino ofrecer actividades que tengan sentido dentro de sus necesidades y características individuales.

Y, sobre todo, aprender a observar qué nos está comunicando durante la interacción.


¿Quieres mejorar la comunicación y convivencia con tu perro?

En Unión Canina trabajamos desde la comprensión del comportamiento, la comunicación y el análisis individual, utilizando diferentes herramientas de aprendizaje y gestión adaptadas a cada perro.

El juego puede formar parte de este trabajo, pero siempre como una herramienta y no como una receta universal.

About the author : Irma Pujol

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