Cuando hablamos de Nihonken, hablamos de mucho más que de seis razas japonesas reconocidas oficialmente: Akita, Shiba, Kishu, Shikoku, Hokkaido y Kai Ken. Hablamos de un conjunto de perros cuya historia está profundamente ligada a la geografía, las migraciones humanas, la selección funcional y la conservación de antiguos linajes caninos. Y comprender este origen no es solo una cuestión histórica. También nos ayuda a entender por qué estos perros se comportan como lo hacen.

Una herencia genética singular

Los estudios genéticos realizados sobre los perros japoneses han permitido relacionar a los Nihonken actuales con los antiguos perros del periodo Jōmon, uno de los linajes caninos más antiguos documentados en Japón. Estos perros conservaron características genéticas diferenciadas respecto a otras poblaciones caninas que llegaron posteriormente al archipiélago.

Con las migraciones asociadas al periodo Yayoi, nuevos grupos humanos y nuevos tipos de perros llegaron desde el continente asiático. El contacto entre estas poblaciones contribuyó a configurar la diversidad genética y morfológica que encontramos posteriormente en los perros japoneses. La insularidad de Japón, además, favoreció durante siglos la conservación de determinadas características que hoy asociamos con las razas primitivas.

Geografía, función y selección

La evolución del Nihonken tampoco puede entenderse separada de su territorio. Montañas, bosques, temperaturas extremas y diferentes ecosistemas hicieron que determinadas poblaciones caninas se especializaran en funciones concretas.

Algunos de estos perros fueron seleccionados para la caza mayor, otros para la vigilancia y otros para desenvolverse en condiciones climáticas especialmente exigentes. En este contexto aparecen figuras como los Matagi, cazadores tradicionales de montaña que trabajaban con perros capaces de desenvolverse en terrenos complejos y tomar decisiones durante la actividad cinegética. Y aquí encontramos una característica especialmente interesante: la capacidad de actuar sin necesitar una dirección humana constante.

No hablamos simplemente de obediencia. Hablamos de perros seleccionados históricamente para observar, valorar el entorno y actuar.

¿Y qué significa esto para el perro actual?

Esta historia tiene una consecuencia importante para quienes trabajamos con estas razas. Un Akita, un Shiba o un Shikoku no debería interpretarse únicamente desde los estándares actuales de obediencia o desde parámetros diseñados pensando en perros seleccionados para trabajar de una manera completamente diferente. Su conductatambién está condicionada por una historia evolutiva en la que encontramos:

  • Autonomía
  • Capacidad de toma de decisiones
  • Fuerte valoración del entorno
  • Comunicación social específica
  • Motivaciones propias
  • Una relación particular con el ser humano.

Por eso, desde la educación canina, considero fundamental conocer la etología y la historia funcional de la raza antes de interpretar su comportamiento. No se trata de etiquetar a estos perros como “difíciles”. Se trata de comprender que no todos los perros han sido seleccionados para relacionarse, comunicarse y trabajar con el ser humano de la misma manera. Y cuanto mejor entendemos su historia, mejor podemos adaptar nuestra intervención a sus necesidades reales.

El Nihonken no es simplemente un conjunto de razas japonesas. Es el resultado de miles de años de interacción entre genética, territorio, función y selección humana. Y conocer ese origen nos permite mirar al perro que tenemos delante de una manera mucho más precisa.

About the author : Irma Pujol

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