Comprender el lenguaje corporal de un perro es una parte fundamental de la comunicación entre especies. Los perros utilizan posturas corporales, movimientos, expresiones faciales, orientación, distancia y diferentes señales de comunicación para relacionarse con su entorno.

Sin embargo, interpretar estas señales no consiste en elaborar una lista en la que cada movimiento tenga un significado único.

Una cola en movimiento no significa necesariamente alegría, unas orejas hacia atrás no significan necesariamente miedo y enseñar los dientes no implica por sí mismo agresividad.

Para interpretar correctamente la comunicación de un perro debemos observar el conjunto de señales, el contexto en el que aparecen, la intensidad de la respuesta y cómo evoluciona la conducta.


¿Por qué es importante comprender el lenguaje corporal del perro?

Los perros están comunicándose constantemente con su entorno. Aprender a interpretar esta comunicación nos permite detectar cambios emocionales, anticipar determinadas respuestas y adaptar nuestra conducta a lo que el animal nos está indicando.

Esto resulta especialmente importante en situaciones en las que el perro puede encontrarse incómodo, inseguro, excitado o sometido a una presión excesiva.

Mejorar la comunicación

Comprender las señales del perro permite establecer una comunicación más precisa y reducir la necesidad de llegar a respuestas conductuales de mayor intensidad.

Prevenir conflictos

Muchas conductas que posteriormente interpretamos como “repentinas” están precedidas por señales de menor intensidad que no hemos sabido identificar o que hemos ignorado.

Aprender a detectarlas permite intervenir antes de que el conflicto avance.

Respetar sus límites

La comunicación también nos permite saber cuándo el perro necesita distancia, no desea continuar una interacción o está teniendo dificultades para gestionar una situación.

Respetar esta información no significa permitir cualquier conducta, sino utilizarla como información para gestionar adecuadamente el contexto.


El lenguaje corporal debe interpretarse como un conjunto

Este es probablemente uno de los conceptos más importantes cuando hablamos de comunicación canina.

No podemos interpretar una señal corporal de forma aislada.

La postura de la cola, la posición de las orejas, la tensión muscular, la mirada, la orientación corporal y el movimiento deben analizarse conjuntamente.

También debemos observar:

  • qué estaba ocurriendo antes de la señal;
  • qué estímulo está presente;
  • qué distancia existe respecto a ese estímulo;
  • qué hace el perro después;
  • si la intensidad aumenta o disminuye;
  • si intenta aproximarse, mantenerse o alejarse.

Por ejemplo, una cola elevada puede aparecer en diferentes estados emocionales, y el significado de esa postura cambia en función del resto de la expresión corporal y del contexto.

Por eso, aprender lenguaje canino no consiste en memorizar una lista de equivalencias.

Consiste en aprender a observar.


La cola: mucho más que un indicador de felicidad

La cola participa en diferentes formas de comunicación y su posición, movimiento y tensión pueden proporcionar información relevante.

Pero debemos valorar posición, velocidad, amplitud y rigidez del movimiento, además del resto del cuerpo.

Cola baja o recogida

Puede aparecer asociada a inseguridad, miedo, conflicto o malestar, aunque debemos observar qué está ocurriendo alrededor del perro.

Cola elevada y rígida

Puede aparecer en situaciones de alta atención, activación o tensión.

No debemos interpretarla automáticamente como una señal de seguridad o dominancia.

Movimiento rápido de la cola

Mover la cola tampoco equivale necesariamente a estar contento.

Un movimiento rápido puede aparecer en estados de elevada activación emocional, tanto positivos como negativos.

La cola nos informa sobre el estado de activación y comunicación del perro, pero necesita ser interpretada junto con el resto del cuerpo.


Las orejas también forman parte del mensaje

La posición de las orejas puede modificar la expresión comunicativa del perro.

Las orejas orientadas hacia delante pueden acompañar estados de atención o orientación hacia un estímulo, mientras que determinadas posiciones posteriores pueden aparecer ante miedo, inseguridad, conflicto o diferentes estados emocionales.

Pero existe una limitación importante:

la morfología condiciona enormemente nuestra capacidad para interpretar esta señal.

No podemos esperar la misma información de unas orejas erectas que de unas orejas caídas, recortadas o con determinadas características anatómicas.

Por eso, la lectura de las orejas debe integrarse siempre con la postura corporal y las demás señales disponibles.


La tensión corporal: una de las señales más importantes

La tensión muscular puede aportar información especialmente útil.

Un perro puede permanecer aparentemente quieto y, sin embargo, presentar una musculatura notablemente tensa y una postura contenida.

Por el contrario, un cuerpo suelto, con movimientos fluidos y capacidad para modificar fácilmente la postura, suele indicar un estado diferente.

Debemos prestar atención a:

  • rigidez;
  • inmovilidad;
  • cambios repentinos de postura;
  • desplazamientos de peso;
  • movimientos fluidos o contenidos;
  • orientación del cuerpo.

Una de las claves consiste en observar cómo cambia el cuerpo del perro ante la aparición de un determinado estímulo.


La mirada: no todo contacto visual significa lo mismo

La mirada es otra de las señales que más fácilmente podemos interpretar de forma incorrecta.

Un perro puede mirar fijamente por diferentes motivos: atención, orientación, incertidumbre, vigilancia, conflicto o elevada activación, entre otros.

Por este motivo, no deberíamos enseñar que una mirada fija tiene un significado único.

También podemos encontrar situaciones en las que el perro desvía la mirada o evita orientarse directamente hacia una persona o estímulo.

Esto puede aparecer en contextos de inseguridad, conflicto o intención de reducir la presión social.

La dirección de la mirada debe analizarse junto con la postura corporal y la distancia respecto al estímulo.


Los llamados “ojos de ballena”

La aparición visible de una parte importante de la esclerótica, conocida popularmente como “ojo de ballena”, puede aparecer en determinadas situaciones de tensión o conflicto.

Sin embargo, nuevamente, no deberíamos convertir esta señal en un diagnóstico automático de miedo.

Debemos observar qué está ocurriendo alrededor del perro y qué otras señales aparecen simultáneamente.


La boca también comunica

La posición de la boca puede cambiar en función del estado emocional y del contexto.

Una boca abierta y una lengua extendida pueden aparecer simplemente como consecuencia de temperatura o actividad física, por lo que no deben interpretarse automáticamente como una señal de estrés.

Del mismo modo, determinados cambios en la tensión de la musculatura facial, lamidos, bostezos o movimientos de la boca pueden formar parte de diferentes secuencias comunicativas.

La clave vuelve a ser la combinación de señales y el contexto.

interpretar lenguaje de tu perro

Las señales de baja intensidad son especialmente importantes

Uno de los errores más frecuentes consiste en prestar atención únicamente a las señales más evidentes.

Sin embargo, antes de que un perro llegue a gruñir, enseñar los dientes o realizar una conducta de amenaza, puede haber producido señales mucho más sutiles.

Cambios en la orientación corporal, aumento de la distancia, desvío de la mirada, inmovilidad, tensión muscular o modificaciones en el patrón de movimiento pueden formar parte de una secuencia comunicativa progresiva.

Aprender a identificar estas señales nos permite actuar antes.


Cuando el perro intenta aumentar la distancia

Una parte muy importante de la comunicación canina está relacionada con la gestión de la distancia.

Un perro puede intentar alejarse de una persona, otro perro u otro estímulo porque necesita aumentar la distancia para poder gestionar mejor la situación.

Si esa posibilidad no existe, la respuesta puede aumentar progresivamente de intensidad.

Por eso, cuando un perro intenta alejarse, no deberíamos interpretarlo simplemente como “no quiere obedecer” o “está siendo difícil”.

Debemos preguntarnos:

¿Qué está intentando conseguir con ese desplazamiento?

En determinadas situaciones, aumentar la distancia es precisamente la respuesta comunicativa que debemos respetar.


Cuando el perro gruñe o enseña los dientes

El gruñido, el enseñar los dientes o determinadas posturas defensivas suelen preocupar mucho a las familias.

Sin embargo, castigar estas señales es un error desde el punto de vista de la comunicación.

Si un perro utiliza una señal para comunicar que una situación le resulta amenazante o incómoda y conseguimos que deje de utilizarla mediante castigo, no hemos eliminado necesariamente el malestar que provocaba la conducta.

Simplemente podemos haber eliminado una de sus formas de comunicación.

Esto puede favorecer que, en determinadas circunstancias, el perro pase directamente a respuestas de mayor intensidad.

Por eso, ante una señal de amenaza debemos priorizar:

distancia, seguridad y gestión del contexto.

Posteriormente podremos analizar qué está provocando esa respuesta y trabajar sobre el problema de forma estructurada.


¿Qué ocurre cuando ignoramos las señales del perro?

Imaginemos una interacción en la que una persona se aproxima demasiado a un perro.

El perro puede inicialmente:

desviar la mirada → girar el cuerpo → aumentar la tensión → intentar alejarse → gruñir.

Si todas las señales anteriores son ignoradas y el estímulo continúa aproximándose, la respuesta puede aumentar de intensidad.

Desde fuera puede parecer que el perro “ha reaccionado de repente”.

Pero si observamos la secuencia completa, la comunicación llevaba tiempo produciéndose.

Este es uno de los motivos por los que aprender a identificar las señales tempranas es tan importante.


No existe un diccionario universal del lenguaje canino

Una cola baja no significa siempre miedo.

Un bostezo no significa siempre estrés.

Un lamido no significa siempre ansiedad.

Una mirada fija no significa siempre agresividad.

Una cola que se mueve no significa siempre felicidad.

Las señales deben interpretarse dentro de una secuencia conductual y en relación con el contexto.

Esta es probablemente una de las diferencias más importantes entre aprender a identificar señales y realmente aprender a interpretar la comunicación de un perro.


Cómo empezar a observar mejor a tu perro

Una buena forma de comenzar es dejar de preguntarnos únicamente:

“¿Qué significa esta señal?”

Y empezar a plantearnos:

  • ¿Qué estaba ocurriendo justo antes?
  • ¿Hacia dónde está orientado el perro?
  • ¿Está aumentando o reduciendo la distancia?
  • ¿Su cuerpo está relajado o tenso?
  • ¿Qué otras señales aparecen al mismo tiempo?
  • ¿Qué hace inmediatamente después?
  • ¿La intensidad aumenta o disminuye?
  • ¿Puede abandonar la situación?

Estas preguntas nos permiten pasar de una interpretación basada en señales aisladas a una lectura mucho más completa del comportamiento.


La comunicación canina es mucho más que las señales más visibles

Comprender el lenguaje corporal de un perro no consiste únicamente en saber reconocer una cola entre las patas o unos dientes enseñados.

Implica aprender a observar cambios sutiles, interpretar secuencias, valorar el contexto y comprender cómo utiliza el perro su cuerpo y la distancia para relacionarse con el entorno.

Cuanto antes seamos capaces de identificar las señales de incomodidad, más posibilidades tendremos de intervenir de forma adecuada y evitar que la situación evolucione hacia respuestas de mayor intensidad.

La comunicación es, por tanto, una de las bases de nuestro trabajo en educación y comportamiento canino.


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About the author : Dalia

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