Truco para que un perro no ladre

¿Existe un truco infalible para conseguir que un perro deje de ladrar?

No.

Y precisamente esa es la primera cuestión que debemos aclarar.

El ladrido forma parte del repertorio comunicativo normal del perro. Los perros ladran para comunicarse, responder a determinados estímulos, expresar estados emocionales o interactuar con su entorno.

El problema aparece cuando la frecuencia, intensidad, duración o contexto del ladrido generan dificultades para el propio perro o para su entorno.

Por eso, intentar simplemente “quitar el ladrido” puede llevarnos a trabajar sobre la manifestación de la conducta sin comprender qué la está provocando.

La pregunta importante no es solamente “¿cómo hago para que deje de ladrar?”, sino “¿por qué está ladrando y qué función cumple esta conducta?”


¿Por qué ladra un perro?

No existe una única causa.

El ladrido puede aparecer en contextos muy diferentes y cumplir funciones distintas. Puede estar relacionado con:

  • alerta ante estímulos del entorno;
  • miedo o inseguridad;
  • frustración;
  • excitación;
  • demanda de interacción;
  • conducta territorial;
  • conflicto social;
  • aislamiento o dificultades relacionadas con la separación;
  • respuesta ante otros perros;
  • búsqueda de atención o acceso a determinados recursos;
  • aprendizaje previo.

Por este motivo, el mismo ladrido puede tener funciones diferentes dependiendo del contexto.

Un perro que ladra ante personas que pasan frente a una ventana no necesariamente está experimentando lo mismo que un perro que ladra cuando se queda solo.

Y ambos casos requieren un análisis diferente.


El ladrido es comunicación, no un problema por sí mismo

En ocasiones existe la tendencia a considerar cualquier ladrido como una conducta que debemos eliminar.

Pero el ladrido forma parte de la comunicación normal del perro.

Por eso, nuestro objetivo no debería ser conseguir un perro que “nunca ladre”.

El objetivo debería ser comprender:

qué está comunicando, por qué aparece la conducta, qué consecuencias está obteniendo y qué otras respuestas podemos construir.

En determinados casos, un ladrido reiterativo puede ser una manifestación de una dificultad emocional que el perro no está pudiendo gestionar de otra manera.

Y ahí es donde resulta especialmente importante analizar el problema.


Antes de intervenir: observa cuándo y por qué ladra

Antes de aplicar cualquier ejercicio, debemos identificar las condiciones en las que aparece la conducta.

Pregúntate:

  • ¿Ante qué estímulos ladra?
  • ¿A qué distancia?
  • ¿En qué lugares?
  • ¿En qué momentos del día?
  • ¿Ladra cuando está solo?
  • ¿Busca interacción cuando ladra?
  • ¿Intenta alejar a alguien?
  • ¿Aumenta su activación progresivamente?
  • ¿Puede interrumpir la conducta por sí mismo?
  • ¿Qué ocurre inmediatamente después?

Esta información puede ayudarnos a determinar qué función está cumpliendo el ladrido y qué factores pueden estar manteniéndolo.


La conducta que vemos no siempre es el problema

Imaginemos un perro que ladra cada vez que aparece otro perro.

Podríamos intentar enseñarle simplemente una señal para que deje de ladrar.

Pero antes deberíamos preguntarnos:

¿Por qué ladra?

Puede hacerlo por miedo.

Puede hacerlo por frustración.

Puede querer aproximarse.

Puede intentar aumentar la distancia.

Puede existir una elevada activación ante determinados estímulos sociales.

Aunque externamente observemos el mismo comportamiento —ladrar—, la intervención no debería ser la misma.

Por eso, trabajar exclusivamente sobre el ladrido puede resultar insuficiente.


¿Debemos enseñar una señal para finalizar el ladrido?

Una señal de finalización de una conducta puede formar parte de determinadas intervenciones.

Pero no debería utilizarse como solución universal para los problemas de ladrido.

Enseñar una señal como “fin” o “ya está” puede ser útil cuando el perro ha aprendido previamente qué significa y dispone de capacidad suficiente para interrumpir la actividad.

Sin embargo, si el perro está ladrando debido a miedo, elevada activación o una situación que no puede gestionar, pedirle simplemente que deje de hacerlo no resuelve necesariamente el problema que existe detrás.

La obediencia puede proporcionar una herramienta de gestión.

No sustituye al diagnóstico ni a la modificación de conducta.


La obediencia no es la solución al ladrido

Este punto es especialmente importante.

La obediencia puede ayudarnos a construir determinadas competencias:

  • orientación hacia el guía;
  • capacidad de respuesta;
  • autocontrol;
  • interrupción de determinadas conductas;
  • comunicación funcional.

Pero no debemos utilizar la obediencia para “tapar” una respuesta emocional.

Un perro puede aprender perfectamente a permanecer sentado mientras un estímulo le genera miedo.

Eso no significa que haya dejado de sentir miedo.

Por eso, en determinados casos utilizaremos ejercicios de obediencia como una herramienta dentro de un proceso más amplio, y no como sustituto del trabajo emocional.

soluciones para los ladridos de un perro

Hacer que el ladrido deje de ser funcional

Otra estrategia frecuente consiste en impedir que el perro consiga aquello que busca mediante el ladrido.

Esto puede ser adecuado en determinados problemas de conducta relacionados con conductas de demanda o acceso a recursos, pero debe aplicarse comprendiendo qué está ocurriendo.

Por ejemplo, si un perro ladra para conseguir que le abramos una puerta, podemos evitar que el ladrido sea el mecanismo que produce la apertura.

Pero esto no significa que debamos ignorar cualquier ladrido independientemente de su origen.

Una conducta deja de ser funcional cuando deja de producir la consecuencia que la mantiene, pero eso no significa que hayamos modificado la motivación que la originó.

Y esta diferencia es fundamental.


¿Qué ocurre si el ladrido está relacionado con miedo?

Aquí es donde las estrategias genéricas pueden resultar especialmente contraproducentes.

Si un perro ladra ante una persona porque se siente inseguro, simplemente impedirle ladrar no modifica necesariamente su percepción de esa persona.

Incluso podemos aumentar su dificultad para comunicarse.

Un perro puede utilizar el ladrido para intentar aumentar la distancia respecto a aquello que percibe como amenazante.

Si eliminamos esa posibilidad sin trabajar la causa, debemos preguntarnos qué alternativa le estamos proporcionando.

En estos casos, la intervención debería centrarse en comprender el desencadenante, gestionar la distancia y trabajar progresivamente sobre la respuesta emocional.


¿Y si ladra ante otros perros?

El ladrido dirigido hacia otros perros es otro ejemplo en el que la conducta visible no nos proporciona suficiente información por sí sola.

Debemos observar:

  • postura corporal;
  • orientación;
  • tensión muscular;
  • distancia;
  • posibilidad de aproximación o retirada;
  • vocalizaciones;
  • movimientos;
  • capacidad de recuperación;
  • evolución de la respuesta.

Un perro puede ladrar intentando alejar a otro perro, mientras que otro puede ladrar porque la frustración le impide aproximarse.

El comportamiento externo puede parecer similar.

La motivación no tiene por qué serlo.


La distancia puede cambiar completamente la respuesta

Una de las variables más importantes en muchos problemas de ladrido es la distancia respecto al estímulo.

Un perro puede observar a una persona a veinte metros sin ladrar y comenzar a hacerlo cuando esa persona se aproxima.

Esto nos indica que no debemos valorar únicamente la presencia o ausencia del estímulo, sino las condiciones en las que aparece.

Trabajar con una distancia adecuada puede permitir que el perro permanezca dentro de un nivel de activación que todavía pueda gestionar.

A partir de ahí podremos comenzar a construir nuevas asociaciones y respuestas.


No castigues el ladrido

Los métodos basados en castigo pueden conseguir que el perro deje de ladrar en determinados momentos.

Pero silenciar una conducta no equivale necesariamente a resolver el problema que la provoca.

Además, si el ladrido está relacionado con miedo, inseguridad o conflicto, añadir una consecuencia aversiva puede incrementar todavía más la carga emocional asociada al estímulo.

Por eso, en Unión Canina no planteamos el ladrido como una conducta que simplemente debe ser reprimida.

Primero necesitamos comprender qué está ocurriendo.


¿Cómo podemos ayudar a un perro que ladra en exceso?

La intervención dependerá del origen y de la función de la conducta.

Puede ser necesario trabajar diferentes áreas:

1. Gestión del entorno

Reducir determinados desencadenantes o modificar las condiciones de exposición puede ser necesario para evitar que el perro entre repetidamente en estados de elevada activación.

2. Comunicación

Podemos construir señales que permitan al perro orientarse hacia su guía y disponer de respuestas alternativas.

3. Autocontrol y regulación

En determinados individuos será necesario trabajar la capacidad de gestionar la activación y recuperar un estado de calma.

4. Modificación de conducta

Cuando existe miedo, frustración, reactividad u otra dificultad emocional, será necesario trabajar específicamente sobre esa respuesta.

5. Conductas alternativas

El objetivo no es únicamente eliminar el ladrido.

Queremos que el perro disponga de otras formas de responder ante determinadas situaciones.


¿Cómo saber si el problema está mejorando?

No debemos valorar únicamente cuántas veces ladra el perro.

También debemos observar:

  • si la intensidad de la respuesta disminuye;
  • si necesita menos tiempo para recuperarse;
  • si puede prestar atención a otros estímulos;
  • si aumenta su distancia de seguridad sin llegar a ladrar;
  • si puede responder a señales previamente aprendidas;
  • si disminuye la frecuencia de determinadas situaciones;
  • si aparecen respuestas alternativas.

En algunos casos, la primera señal de progreso no será que el perro deje de ladrar completamente, sino que consiga gestionar la situación durante más tiempo antes de reaccionar o que se recupere con mayor rapidez.


El verdadero “truco” para reducir los ladridos

Si tuviéramos que resumir todo el artículo en una única idea, sería esta:

No intentes solucionar el ladrido sin comprender primero por qué está ocurriendo.

El ladrido es una conducta observable.

El problema puede encontrarse en aquello que está provocando y manteniendo esa conducta.

Por eso, antes de buscar una orden, un collar, un dispositivo o una técnica rápida, debemos analizar al individuo, el contexto y la función del comportamiento.

Solo entonces podremos determinar qué necesita aprender el perro y qué herramientas podemos proporcionarle para gestionar mejor la situación.


Cuando el ladrido forma parte de un problema de conducta

Si los ladridos son muy frecuentes, aparecen ante múltiples estímulos, se acompañan de respuestas de miedo o amenaza, generan conflictos con otros perros o personas, aparecen durante los periodos de soledad o resultan difíciles de interrumpir, es recomendable realizar una evaluación profesional.

Especialmente cuando la conducta ha aumentado progresivamente o aparece junto con otros cambios comportamentales.

Un diagnóstico adecuado permite determinar qué está ocurriendo y qué tipo de intervención puede ser necesaria.

En Unión Canina trabajamos estos casos desde el análisis individual del comportamiento, teniendo en cuenta el contexto, la historia del perro, sus características individuales y la función de la conducta.

Porque no se trata de conseguir simplemente un perro que no ladre.

Se trata de ayudarle a desarrollar mejores herramientas para comunicarse y gestionar su entorno.

About the author : Ricardo Farrés Garrido

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