Cómo saber si mi perro me considera su amo

Cuando convivimos con un perro es habitual preguntarnos qué lugar ocupamos para él. Durante años, conceptos como “amo”, “líder” o “dominancia” han sido utilizados para explicar la relación entre perros y personas. Sin embargo, estas ideas simplifican en exceso una relación mucho más compleja.

Un perro no necesita percibirnos como una figura autoritaria para confiar en nosotros, orientarse hacia nosotros o tenernos en cuenta en determinadas situaciones.

La relación entre un perro y su tutor se construye a través de múltiples factores: experiencias compartidas, comunicación, aprendizaje, predictibilidad, gestión del entorno y capacidad para proporcionar seguridad sin limitar innecesariamente la autonomía del animal.

Por eso, más que preguntarnos si nuestro perro nos considera “su amo” o “su líder”, resulta mucho más interesante observar si nos tiene como una referencia fiable dentro de su entorno.

Y esto no significa que el perro tenga que obedecer constantemente ni que deba buscar nuestra aprobación para cada decisión.

¿Qué significa ser un referente para un perro?

Ser un referente no implica ejercer una posición de superioridad ni imponer nuestra voluntad mediante la presión.

Un referente es, en términos prácticos, una figura que el perro ha aprendido a considerar relevante dentro de determinadas situaciones.

Esto puede observarse, por ejemplo, cuando el perro busca información en su tutor ante una situación nueva, utiliza su presencia como apoyo, responde a determinadas señales comunicativas o puede recurrir a él cuando necesita orientación.

Esta relación se construye progresivamente mediante experiencias coherentes y predecibles.

No podemos exigir que un perro confíe en nosotros simplemente porque convivimos con él, lo alimentamos o establecemos normas. La confianza se construye mediante la experiencia.

El vínculo entre perro y tutor

El vínculo no debe confundirse con dependencia, obediencia o necesidad constante de contacto.

Un vínculo funcional permite que el perro pueda relacionarse con su entorno manteniendo a su tutor como una figura de referencia, sin que esto implique una subordinación permanente.

La calidad de esta relación depende, entre otros factores, de cómo respondemos a las necesidades del perro, de nuestra capacidad para interpretar su comunicación y de la coherencia de nuestras interacciones.

Por eso, aspectos como el paseo, el juego, el descanso compartido, el aprendizaje o la resolución de situaciones cotidianas pueden contribuir a construir esta relación.

Pero no se trata simplemente de “hacer cosas juntos”.

Lo importante es cómo se desarrollan esas experiencias y qué información obtiene el perro de ellas.

¿Cómo saber si tu perro te tiene como referente?

No existe una única conducta que permita determinarlo.

Tampoco podemos interpretar automáticamente que un perro que nos sigue, nos mira o responde a nuestras señales tenga un vínculo más fuerte que otro que muestra mayor autonomía.

Cada individuo presenta diferencias relacionadas con su genética, historia de aprendizaje, experiencias previas, características temperamentales y contexto.

Aun así, podemos observar algunos indicadores.

1. Te tiene en cuenta ante determinadas situaciones

Uno de los comportamientos más interesantes es que el perro busque información en su tutor ante situaciones nuevas o ambiguas.

Puede observarnos, aproximarse, establecer contacto visual o modificar su conducta después de comprobar nuestra respuesta.

Esto no significa que siempre tenga que mirarnos antes de actuar. De hecho, un perro con buenas competencias ambientales también debe ser capaz de explorar, tomar decisiones y desenvolverse con cierta autonomía.

2. Puede orientarse hacia ti cuando necesita información

En determinadas situaciones, el perro puede utilizar al tutor como fuente de información.

Ante un estímulo desconocido, un entorno novedoso o una situación que no sabe cómo resolver, puede recurrir a nuestra presencia para obtener información adicional.

Aquí la comunicación interespecífica adquiere un papel fundamental.

No se trata únicamente de enseñar al perro a mirarnos mediante una señal de obediencia, sino de construir una relación en la que nuestra comunicación tenga significado para él.

3. Responde a tus señales porque ha aprendido su significado

Que un perro responda a una señal no demuestra por sí mismo que nos considere un líder.

Demuestra que existe un aprendizaje previo y que esa señal tiene un significado para él.

La obediencia puede formar parte de una relación funcional, pero no debería utilizarse como medida de la calidad del vínculo.

Un perro puede tener un repertorio de obediencia muy amplio y, al mismo tiempo, presentar dificultades importantes de comunicación o regulación emocional.

Por eso, para nosotras, la obediencia es una herramienta, no el objetivo final de la relación.

4. Puede buscar apoyo en determinadas situaciones

Algunos perros recurren a su tutor cuando encuentran una situación que les resulta difícil.

Esto puede observarse mediante aproximaciones, búsqueda de contacto, orientación visual o cambios en su comportamiento cuando el tutor interviene.

Sin embargo, es importante diferenciar búsqueda de apoyo de dependencia.

Un perro que necesita constantemente la presencia de su tutor para sentirse seguro no necesariamente presenta un vínculo más fuerte. Puede estar mostrando dificultades para gestionar determinadas situaciones de forma autónoma.

5. Puede comunicarse contigo

Una relación de calidad no consiste únicamente en que el perro responda a nuestras indicaciones.

También debemos ser capaces de escuchar sus respuestas.

Cambios en la postura, orientación corporal, distancia, mirada, tensión muscular, vocalizaciones o señales de evitación forman parte de la comunicación del perro.

Si ignoramos sistemáticamente estas señales porque queremos que el perro “obedezca”, podemos estar deteriorando precisamente la comunicación que pretendemos construir.

señales de lealtad en perros

¿Liderazgo o cooperación?

Uno de los conceptos que más confusión ha generado históricamente en educación canina es el de liderazgo.

Tradicionalmente se ha asociado el liderazgo con ejercer control, imponer límites, dominar o conseguir que el perro obedezca incluso cuando no quiere hacerlo.

Esta concepción no representa nuestra forma de entender la relación.

Para Unión Canina, resulta mucho más interesante hablar de cooperación y referencia social.

Cooperar no significa permitir cualquier conducta ni eliminar las normas.

Significa establecer una relación en la que ambas partes puedan comunicarse y en la que el tutor sea capaz de guiar, gestionar y proporcionar información al perro sin recurrir a la intimidación o a la coerción como base de la relación.

El respeto tampoco significa ausencia de límites.

Un perro necesita límites, estructura y aprendizaje. La cuestión es cómo se establecen y qué función cumplen.


¿Tu perro te sigue a todas partes? No necesariamente significa que te vea como su líder

Este es uno de los errores de interpretación más frecuentes.

Que un perro siga constantemente a su tutor puede estar relacionado con el vínculo, pero también puede aparecer por dependencia, ansiedad por separación, búsqueda de recursos, hábitos aprendidos o simplemente porque desplazarse junto a nosotros resulta relevante o interesante.

Por eso, una conducta aislada nunca debería utilizarse para diagnosticar la calidad del vínculo.

Lo mismo ocurre con otras conductas como:

  • Buscar contacto físico.
  • Saludar efusivamente.
  • Mirarnos con frecuencia.
  • Seguirnos por casa.
  • Responder rápidamente a nuestras señales.
  • Dormir cerca de nosotros.

Todas ellas pueden aportar información, pero deben interpretarse dentro del contexto individual del perro.


La mirada como herramienta de comunicación

La mirada tiene un papel especialmente interesante en la relación entre perros y personas.

Que un perro establezca contacto visual con su tutor puede formar parte de diferentes procesos comunicativos. Puede estar solicitando información, anticipando una respuesta, buscando interacción o simplemente orientándose hacia una persona relevante.

Pero no todos los perros utilizan la mirada de la misma manera.

La genética, la selección funcional y la historia individual influyen en las estrategias comunicativas de cada animal. Algunas tipologías caninas pueden presentar una menor tendencia a buscar contacto visual constante con sus tutores.

Por eso, no debemos utilizar el contacto visual como un requisito para considerar que existe un buen vínculo.

Comprender cómo comunica cada perro es mucho más importante que conseguir que todos los perros comuniquen de la misma manera.


Construir una relación de confianza

Si queremos convertirnos en una referencia fiable para nuestro perro, debemos trabajar sobre aspectos mucho más amplios que la obediencia.

Comunicación

Aprender a interpretar sus señales y responder adecuadamente a ellas.

Predictibilidad

Proporcionar un entorno suficientemente comprensible, donde nuestras respuestas no sean arbitrarias o contradictorias.

Cooperación

Construir conductas que permitan resolver situaciones conjuntamente.

Autonomía

Permitir que el perro explore, tome decisiones y desarrolle competencias propias cuando la situación lo permite.

Gestión emocional

No exigir respuestas cognitivas complejas cuando el animal se encuentra en un nivel de activación que dificulta el aprendizaje y la toma de decisiones.

Aprendizaje

Construir herramientas que permitan al perro desenvolverse mejor en su entorno y comunicarse de manera más efectiva.


Ser un referente no significa ser el “amo”

La pregunta inicial —“¿mi perro me ve como su amo?”— probablemente tenga menos importancia de la que pensamos.

Un perro no necesita considerarnos su propiedad ni someterse a nosotros para que exista una relación sólida.

Lo verdaderamente relevante es si hemos conseguido construir una relación basada en la comunicación, la confianza, la cooperación y el respeto mutuo.

Nuestro objetivo no debería ser conseguir que el perro nos obedezca porque somos quienes mandamos.

Debería ser conseguir que nuestras señales tengan significado, que el perro pueda comunicarse con nosotros y que ambos dispongamos de herramientas para desenvolvernos conjuntamente en las diferentes situaciones de la vida cotidiana.

Porque educar no consiste únicamente en conseguir respuestas.

También consiste en aprender a escuchar.

About the author : Ricardo Farrés Garrido

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